18 de septiembre de 2008

Al abuelo Ludovico...

Mi abuelo me enseñó a buscar secretos entre las estrellas.
Entre las estrellas y los libros. Y en la música que el cantaba.
Miraba continuamente al cielo, rastreando el horizonte como si allá, a lo lejos, se hallara la felicidad.
Como si todos los sueños se hicieran realidad en una mirada.
Y mirábamos en la misma dirección.
Me hizo creer que juntos llegaríamos al mar de la Vía Láctea, que el crepúsculo nos convertiría en dioses de las sombras, que el despertar de la
la hierba sería un brotar sin final en la existencia.-
El atardecer nos atrapaba, en su encanto, atándonos dulcemente a la noche, con los ojos siempre colgados de las estrellas.
El pueblo en el que vivíamos no tenía secretos, ni rincones que no se nos
abrieran y mostraran esplendorosos cada madrugada, como un regalo inesperado
y gratuito.
La risa resbalaba por la piel como un bálsamo que todo lo curaba y que nos
protegía contra los maleficios del mundo.
Mi abuelo me contaba de su pueblo, al sur de Italia, ponía colores, ladrones al acecho de los ricos para darle a los pobres.
La Campiña y el Adriático, sus historias y mi nombre.
Ese nombre que tanto me gusta de heroína romántica de novela.
Nombre que después de vagar por tantos libros aprendí a querer.
Nada importaba, nada nos hacía daño, nadie podía contra nosotros.
Un halo de luz nos envolvía secreto e invisible, sólo compartido por nuestros ojos que eran cómplices y compañeros del camino elegido.
No teníamos mapas, ni rutas escritas para seguir, sólo el norte de nuestras
miradas que buscaban y se reconocían sin brújula.
Los libros que me leía hablaban de lo mismo.-
El cielo , las estrellas. las risas.-
La quinta de verduras prolijamente ordenada en colores y sabores.- Y olores.
Los tomates que yo me comía verdes a la hora de la siesta. La higuera a la que me trepaba , las colmenas.
El olor de su pan recién horneado, la tierra mojada, el agua corriendo por la canaleta que hacíamos cortando latas y atándolas con alambre....
Todo era un sentido. La vista, el olfato, el gusto, el oído.
Una fiesta danzante de ritmos sin igual.
Entre las hierbas del verano se fue agotando la esperanza, fueron secándose los brotes frescos con el bochorno que hería la mente y la piel.
Se agrietaban los labios, las manos se resecaban y escocían con dolor.
Las caricias se resquebrajaban a medio camino de la intensión.
La luna planeaba con su sombra ausente sobre las espaldas, y crecían hacia ella, los desencantos, las lágrimas que brotaban aún sin lluvia, un desbordamiento seco de la conciencia que dolía sin reparos.
Era la vida que buscaba otros caminos, se iba por otros andamios.
Sólo de a ratos, el canto de las palabras, que reían aún en los labios,
saltaban con las notas de una música que se rebelaba a morir, que luchaba por seguir viviendo en el aire de las bocas que lo hicieron nacer como un trino de gorrión que, ya mojado y cansado, no puede más.
Y sólo en su gorjeo quiere morir.
Solo y aterido.
Fuego fatuo y vano de un canto de verano.
Faltaba un pedazo de luna en el corazón.
Faltaba el abrazo en el cuerpo, había dejado un hueco grande en el pecho, por la herida que llegó del cielo, esa estrella fugaz que pasó dejando a su paso una estela de vacío y tristeza.
Al mirar al cielo sólo un agujero negro absorbió la alegría, tragó las
ilusiones y el mañana.
La mente enferma en su propia sombra se rompió, hizo añicos la bóveda
celeste, como si de un cromo se tratara.
El alarido de los sentimientos luchaba y seguía adelante, rebelándose contra
un destino gris y macabro.
Él me enseñó a buscar la felicidad entre las estrellas. El me enseño las
palabras en los libros que amaba.
Las cadenas del lazarillo de los sueños, apaleado por los hechizos ausentes
de luna, chirriaban cada día con más fuerza, oxidaban las muñecas y llenaban
de aserrín el corazón, que cada vez huía, se escapaba con más fuerza,
buscando siempre en las estrellas.
No sabía muy bien dónde estaba la felicidad, pero sí sabía, estoy segura de
ello, que la encontraría algún día.

Por eso ahora, todavía, sigo rastreando la luna en el cielo y en cada noche
intuyo la felicidad cerca de las estrellas.
Lady Marianne, para siempre en la memoria del abuelo Ludovico
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Faby

Cuento raro.....

Conversando de camino al jardincito del fondo, (cultivo semillas guardadas en sobres, pero, con las mudanzas, han perdido la etiqueta y no se, a estas alturas, de qué mano provenían.
Opté por sembrarlas
aunque sabía que habían algunas raras, y por comparaciones,información propia y resultados, he conseguido saber de qué son las semillas); en una de esas rigurosas mañanas en que debe salir el sol porque esta pronosticado en el Messenger, que mis seres queridos sonríen y hablan, dicen cosas coherentes con sus cuerpos, sin recabar en formas incorrectamente políticas, ni actitudes estereotipadas que se prenden a ellos antes de salir por la puerta; en una especie de raro disfraz que la mente ha aceptado como palabras que exorcizarán la atmósfera en que se mueven; una de esas mañanas claras ella habló conmigo.


En uno de esos instantes en que habita lo hablado. Ella preguntaba por la Realidad.
Le dije que en cuanto tuviera una idea, una forma, un
sentimiento y pudiera atarse a el podía congeniar una Realidad,siempre en dependencia de sus credos y acciones vitales.
Aunque una
misma palabra puede significar lo mismo, puedes estar atada de forma tradicional y cotidiana, aunque también una bruja podía decirle que estaba encantada.

... y siguiendo el supuesto de las ataduras, aparece la otra persona en la conversación, olisqueando el campo astral que funciona en las fuerzas físicas del cuerpo de esa: la otra persona, ella puede tener el mismo sonido, la misma lengua, la misma palabra, y también estar atada en su propio parecer y por lo tanto, sujeta a un encantamiento que pudiera ser sonoro-olfativo-bucal; aunque las combinaciones estereotipadas sean las mismas.
Ejemplifiqué con el signo escrito
Maquina de Tiempo, cada uno leerá el texto y cada uno haría interpretación.

En cuanto tengas una idea, una fruta madura, un objeto, un sonido, un algo que te llame a la sensacion; puedes atarte a ello, a una emoción, una imagen, todo se puede atar, puedes usar los pareceres o ataduras de los otros para experimentar...y cuando más impulsada estaba yo en la explicación del ejercicio caí en la cuenta que había alguien ahí, esa persona hacia silencio, entonces salió por la puerta y,... no le pude ver el disfraz que llevaba esa rara mañana.
Faby



Breves palabras.....

A modo de presentación, puedo decir que mi vida estuvo marcada por palabras, aromas, sabores, imagenes, colores.
Que desde mi infancia indicaron un camino a seguir.

Las palabras leídas por el abuelo Ludovico, en viejos textos traídos desde su pueblo natal Bari, y los aromas de mi abuela Ramona en la cocina.
Y ni que hablar de las noches estrelladas donde los olores, albahaca, menta, eucaliptos, tomillos, pasto y tierra húmeda se mezclaban con la lectura del Dante o una música de opera.

Palabras, aromas y sabores es eso..... Un espacio donde recordar el camino y hacer el camino a medida que vamos ...
A donde?
Bueno, cada quien elije el rumbo, le pone corazón, alma, llanto, sonrisas, dolores.

Yo aprendí que hasta el plato mas simple sabe a maravillas si estoy con las personas que amo y que también puede saber amargo el pan que se amasa con lágrimas.
Todo sale de las manos que lo hacen, desde la caricia, hasta el roce, todo nace y muere en las manos.
Para llegar a la boca.....entrando por los ojos y por la nariz.....

Y la vida que tiene vueltas y revueltas hoy me deja en este lugar, donde siempre se puede volver a empezar, como en la cocina.
Lugar donde plasmar aromas en palabras, sabores en imagenes, música en el alma.
Es simple, solo hay que estarse atento.
Hay que dejarse fluir en los sentidos, cerrar los ojos, dejar la mente.

A partir de hoy, la vida da otra oportunidad, la de crear un lugar con la misma calidez de las cocinas de antes, donde también se mezclaba el olor de la madera o del marlo de choclo que avivaba el fuego, viejas cocinas económicas, pisos de ladrillos, olor a resina ardiendo.

Puede que ya no seamos los mismos de antes, puede que la vida haya hecho estragos, pueden ser tantas cosas, como también puede ser que a modo de cerrar mi presentación te regale una frase, no importa donde te encuentras ni donde estés parado, donde habita la soledad, el olvido o la multitud.
No creas que todo esta perdido, porque la vida no da segundas oportunidades, da otras.

Faby